mal día
Todos los dias, o más bien, todas las mañanas, se escuchaba el piano de la vecina del piso de arriba. No se quién vive en esa casa, pero si se que su gusto musical es bellísimo; No es la típica persona de conservatorio que aprende a tocar piano de orquesta y se aplica las bases teóricas del clasicismo musical, mejor dicho, se sabía todo eso y quizás por ello sabe aplicarlo a lo que se le pase por la cabeza. Me gustaba amanecer con Radio Clásica y su canción sorpresa de las 6:51 que es cuando suena mi alarma, pero dejé que esa persona fuera la que me sorprendiera. Un día toca upbeat jazz, otro día una melodía romántica con distensiones, al otro una armonía de bossa nova hilada a un bolero hecho por Jaime Calabuch … No dejó de tocar tampoco el día en el que el vecino del bloque de enfrente se tiró o cayó por la ventana, bien porque ella no lo vio, o porque quería añadirle un poco de ritmo, el cual fue funk con una percusión de youtube que la acompañaba. Si hubiera sido a conciencia, me gustaría conocer a esa persona con más ganas.
Amanezco y noto por el umbral de la puerta de mi compañero de piso las ganas de levantarse para afrontar el día, pero aún soñando en su cama. Bajo al bar, como siempre, pido el cola-cao y a las 7:30 viene la chica de la panadería de justo enfrente a traer croissants y me adjudico uno, aunque, Javi el camarero ya sabe que hay uno que me pertenece. Todos los días lo mismo. Se me olvida algo en casa pero soy demasiado vago para volver a por ello y demasiado vago para escribirlo, subo a la Bilbo bizi, no sabiendo si soy más vago que olvidadizo, u olvidadizo porque soy vago. Soy demasiado vago para seguir con esta reflexión y olvido este pensamiento cuando le doy al play y suena Abusey Junction de Kokoroko.
Y menuda mierda de día, antes de entrar a la universidad, después de dejar la bici en la estación de mierda que nunca funciona, aparece un niño de mierda que va a clase como yo voy, pero éste va con un balón. Una persona promedio, cuando ve a un niño haciendo el gilipollas con su balón en mitad de una calle de doble sentido donde no caben dos coches y los coches que hay son Golfs GTI tuneados hasta arriba, se centra principalmente en la situación - un niño gilipollas con su balón en una calle estrecha y peligrosa - y afina los sentidos pero mirando de reojo, sin intimidar, pero atento a lo que pueda pasar, desde lo peor, que es ser atropellado por un cani hijoputa, hasta lo mejor, el momento de gloria de cualquier persona, el clímax precoz de una mañana cotidiana, la hora de demostrar que tu vida es una película y que eres el protagonista del barrio por el que andas, y es cuando al niño gilipollas se le escapa el balón y te toca pasárselo. A veces le das una patada y sin querer falla la trayectoria y quedas como un pringao, otras te las tiras metiendo la punta del pie debajo del balón y dando un golpe en seco, y si la envías a tomar por culo, quedas el doble de pringao, pues bien, decidí, sin haberle dedicado mucho tiempo al fútbol en mi vida, regatear al niño recién amanecido y después amistosamente, pasarle el balón. La práctica llevó el balón de mierda al Nervión, y al niño gilipollas a gritarme cosas que no entendía porque en ese momento sonaba ‘’Toda Mojaíta’’ de Gecko Turner. Pensé ‘’que le jodan’’, pedí perdón sin escucharme y marché a clase.
A primera hora examen, y el profe no se dio cuenta del evento e imparte la clase como siempre. No va un sapo carapolla y le recuerda al profesor que teníamos examen. Ese sapo carapolla llega a decir eso en el instituto donde estudié, y no habría tenido un buen día, no por mi parte claro, yo no pego, pero si que insulto al anonimato. Se la suda y sigue con la clase. Me vuelvo a casa en segunda hora por tener que lidiar con un perro que me encontré el día anterior lleno de pulgas y garrapatas, famélico como el mástil de mi guitarra la cual la vecina de arriba me había escuchado tocar, y majete y feliz por ayudarle a dormir en un sitio donde todos menos Keka le damos amor. De camino a llevar al chucho al veterinario a ver que puedo hacer, recibo respuestas de la chica que me gusta al mensaje de cobarde que le escribí la noche anterior. Me cago en mi puta vida que día de mierda. El perro no tiene chip, tengo que darlo a la perrera. Llamo a la más cercana y personalmente me gusta mucho hablar por teléfono con operadores como si nos conociéramos de toda la vida. Esta tia, a diferencia del resto de teleoperadores, me echa una bronca increíble por tener al perro una noche en mi casa, y no me deja colgar. Me enfado y empiezo a hablar con ella como un gilipollas, y nos empezamos a entender en el idioma de los que discuten, y en el reino de las discusiones, reina el fuerte. Nos empezamos a joder el dia aún mas mutuamente.
Lloro en la ducha y por la ventana veo caer las partituras de la vecina de arriba. Muchas partituras. Escucho la música que veo en los papeles y pareciera que sonase Late Night Jazz, una mítica playlist de spotify. Quizás para algún otro vecino esas partituras podrían ser un Grove de Quincy Jones, pero he concluído que los temazos que escucho y que toca mi vecina es lo que me mantiene a flote en mi puto meao.